Thursday, July 28, 2005

2.2 Resolucion de conflictos socioambientales

En la carta del Consorcio Prime, citada en la introducción, vimos en una de las demandas indígenas y su respectiva respuesta por parte del Consorcio Prime, una diferencia fundamental en la apreciación del rol indígena en la conservación del bosque. En su respuesta, Consorcio Prime sugería un bajo impacto de las poblaciones locales y la necesidad de recursos financieros y conocimientos científicos para lograr los fines de la conservación ambiental. Mientras que lo organización indígena, en su demanda, alegaba que su modo de vida indígena tradicional favorece la conservación de la biodiversidad, y que por tanto, debieran ser estos pueblos, los primeros responsables de la gestión local de sus recursos. Este es un ejemplo concreto de deferencias de percepción y de discursos enfrentados.[1]

En un estudio de René Orellana, en el que aborda la temática de conflictos socioambientales, hallamos planteada una interrogante fundamental que se vincula al tema desde una perspectiva más general,

¿Cuál es la percepción existente en nuestras sociedades con respecto a la naturaleza?[2]

El mismo autor, señala más adelante, la necesidad de encontrar una respuesta bimodal esta pregunta, realizando un par de preciciones clásicas del Materialismo Dialéctico, la distinción entre el Ser y el Pensar, y la primacía del Ser sobre el Pensar.

La voluntad de deambular en los mundos subjetivos que producen percepciones, nos exigirá movernos en dos dimensiones: la dimensión del fenómeno y la de la esencia; con incidencia en la segunda, en la perspectiva de ponernos en los zapatos de los actores, protagonistas de estos conflictos, abstrayéndonos de sus actos, y entender cómo es que ellos ven a la naturaleza, y cómo esta visión se traduce en prácticas, lógicas y procesos (...) [3]

Y R. Orellana parte de una hipótesis que es compartida por nosotros, se expresa así:

La hipótesis de que partimos, es que alrededor de la naturaleza o con respecto a ella, el hombre produce concepciones, valores, percepciones, es decir, una visión de la naturaleza y de sí mismo dentro de ella. Esta visión es una construcción subjetiva que se produce y reproduce socialmente.(…) [4]

En términos generales, existen dos conceptualizaciones y valoraciones de la naturaleza. Una la concibe como recurso, es decir, como medio para lograr fines (de ganancia, lucro, sobrevivencia, “desarrollo”). Esta visión asume a la naturaleza como una “cosa”, como un objeto, y se aproxima a ella con ánimo de dominación, control y sujeción a fines determinados. [5]

Y la otra visión,

La valoración de la naturaleza, la asume como espacio de vida, es decir, como un espacio de convivencia de naturaleza y hombre, como un espacio vivo en sí mismo. Este espacio no es un medio para fines predeterminados, sino que es un fin en sí mismo, que tiene la particularidad de ofrecer medios para reproducirse como espacios de vida. [6]

Y agrega sobre la visión de ganancia y dominio que (negreado nuestro),

Esta concepción produce un discurso de desarrollo, el cual se traduce en prácticas extractivas (“mineras”, con respecto a los recursos en general), de ocupación del territorio (colonización dirigida o estimulada), de estímulo a la producción y a la exportación como forma de superación del subdesarrollo y la crisis (productivismo a ultranza casado con las estadísticas como medidor incuestionable, etc.). (...) esta visión de la naturaleza también ha producido un discurso de medio ambiente, y de sostenibilidad que lentamente está pasando a formar parte de su nivel ideológico y normativo e intentando hacerse operacional. Sin embargo, la premisa, inherente aún a su nivel ideológico, sigue siendo: “La naturaleza como recurso”. [7]

Sin embargo, continúa R. Orellana, la coexistencia de diversas ideologías no es armónica (negreado nuestro).

En la concepción de la naturaleza como espacio de vida, las comunidades tradicionales producen prácticas y lenguajes relacionados con su espacio y expresan, también intereses y necesidades. El encuentro de estos dos mundos o racionalidades, se traduce en términos de intervención de una racionalidad hegemónica sobre otra; por lo tanto, se trata de un desencuentro que implica interferencia en procesos diferentes, bajo una lógica de dominación. Las manifestaciones de este encuentro se dan en términos operacionales y normativos. Aquí, se produce conflicto (...) Ciertamente, estos mundos no son puros en términos ideológicos (…) Así, el mundo que concibe a la naturaleza como espacio de vida, puede tener en su interior contrastes, sincretismos y simbiosis culturales resultantes de asimilaciones de encuentros culturales diversos. [8]

El enfoque socioambiental de un conflicto, según la investigadora Patricia Guerrero, considera al medio ambiente como un escenario, donde los actores se ven enfrentados por el aprovechamiento de los recursos. Nos dice al respecto:

Si partimos de la consideración de que el medio ambiente es el amplio escenario donde se desarrolla la vida humana, donde se articulan los procesos sociales, ecológicos, tecnológicos, culturales y políticos, y todos aquellos procesos que se relacionan con la vida humana, no resulta extraño la cada vez más creciente preocupación por los temas socioambientales, pues allí se ponen en juego la cuestión de la satisfacción de las necesidades básicas y el nivel y calidad de vida. En consecuencia, el ambiente es también un escenario de conflictos, pues en todas partes del mundo, la búsqueda por un manejo equilibrado y sustentable del ambiente y de los recursos que de allí se extraen, inevitablemente conducen a conflictos, pues allí se enfrentan intereses, necesidades y objetivos de actores sociales que pugnan por la apropiación, uso, transformación y control de los recursos naturales. [9]

Patricia Guerrero hace otras consideraciones sobre la resolución de conflictos. Importantes creemos, en un contexto amazónico donde las sociedades indígenas están organizadas y reconocidas. En el caso boliviano, con una demandas territoriales superpuestas a concesiones mineras, forestales o bien territorios expropiados por causal de bien público, como es el caso de las Áreas Protegidas. Lo expresa de la siguiente manera (negreado nuestro):

(…) toda sociedad ha generado desde su cultura respuestas, sean éstas formales o no formales, para la resolución de los conflictos que enfrenta. Es tanta la importancia que tiene la resolución de conflictos, que para algunos, se ha convertido en una verdadera ciencia multidisciplinaria que contribuye a la identificación de las raíces de los conflictos y al análisis de la dinámica de los mismos, y que tiene como objetivo promover el empleo de medios pacíficos para la resolución de conflictos, a fin de lograr que las partes puedan llegar a resolver sus problemas y obtener resultados que les sean mutuamente beneficiosos y les permitan satisfacer sus intereses y necesidades y por tanto la consecución de la paz entre los distintos actores sociales. La resolución de conflictos busca además, la aplicación de ciertas metodologías y una participación activa de los actores en la toma de decisiones, pues trata de orientar como la gente puede tomar mejores decisiones colectivamente sobre problemas que le son vitales, por ello “reconoce” –tal vez sería mejor decir “valora”- que las formas tradicionales de resolución de conflictos son fuentes de cambio y fuerza, que pueden contribuir a un reforzamiento del poder de las organizaciones locales o a la creación de otras nuevas sustentadas en la tradición, para poder hacer frente a las nuevas situaciones que a diario tiene que enfrentar. Vale no olvidar sin embargo, como se advierte, que la resolución de conflictos, es tan sólo una de las posibilidades estratégicas que las personas o grupos pueden emplear para el logro de sus objetivos; las estrategias legales, la acción política, los programas de conciencia educacional y pública, entre otras, que son igualmente válidas.(…) [10]

Además de estas consideraciones, la autora plantea algunos aspectos estratégicos de la resolución de conflictos, en particular, el poder de las partes enfrentadas. Dice al respecto que (negreado nuestro):

Es importante no olvidar, el papel que juega en la resolución de conflictos la proporcionalidad del poder de las partes; casi siempre éstas manejan diferentes proporciones del poder, más o menos capacidad económica, influencia política, información, apoyo institucional y de la opinión pública, acceso o control de los medios de información, etc.; esto determina que quien tenga una mayor proporcionalidad de poder, aunque no tenga la justicia de su parte, tiene posibilidades mayores de que el conflicto se resuelva a su favor; de allí que se sostiene, que la cantidad y calidad de os actores involucrados en un conflicto, y la proporción de poder que éstos disponen, resulta determinante en la forma como un conflicto llega a su resolución. En consideración de lo anterior, la búsqueda de soluciones a los conflictos sociales, que sean ventajosas para las partes involucradas, requiere de ciertas estrategias que deben ser implementadas fundamentalmente por los sectores menos favorecidos, a fin de construir y fortalecer el poder de la parte más débil, que permita incrementar su potencialidad, para que puedan acumular su fuerza para las negociaciones y para la toma de decisiones; el reforzamiento del poder de las comunidades, constituye el aspecto más estratégico de todo proceso de resolución de conflictos. El reforzamiento del poder de las comunidades, implica necesariamente un fortalecimiento de su cohesión interna y de sus instrumentos organizativos, así como la ampliación y afirmación de sus procesos de participación comunitaria, en la discusión de sus problemas y en la toma de decisiones, una revitalización de su acción movilizadora, una maduración de sus propuestas y discursos políticos; todo ello le permitirá construirse como sujeto político.[11]

Otro investigador del tema, Iván Ormachea Choque, señala la necesidad de combinar diversas estrategias para tratar el conflicto socioambiental, dada la ausencia de centros dedicados al tema en áreas donde se desarrollan este tipo conflictos. Sugiere que (negreado nuestro)

Un nuevo enfoque en torno a los conflictos y la cada vez más frecuente utilización de formas de intervención creativa para lidiar con ellos en forma no violenta han permitido que los medios alternativos para la resolución de conflictos tengan cabida dentro del espectro de posibilidades a los que pueden recurrir los actores sociales en conflicto y terceros interesados en la búsqueda de soluciones equitativas y satisfactorias para las partes involucradas y la sociedad en general (…) Aún así, resulta muy prematuro pensar que este mecanismo pueda aún utilizarse para la intervención en conflictos socioambientales puesto que el número de centros de conciliación es exiguo o inexistente por el momento en aquellas zonas donde emergen conflictos socioambientales de importancia. Situación contraria, se da en cambio en la utilización de formas de intervención que combinan diversas estrategias para movilizar a los actores en conflicto en favor de un acuerdo consensuado que permita dar solución al conflicto socioambiental (…) [12]

Entre las reflexiones finales de este autor, se hace referencia al rol que juega un tercero en el conflicto socioambiental. Dice (negreado nuestro):

Para aquellas personas o instituciones interesadas en cumplir un rol de terceros surge un gran dilema, relacionado a la calidad de la intervención: ¿Se podrá intentar ser un tercero neutral (llámese facilitador, mediador o conciliador) cuando las características de los actores manifiestan una relación manifiestamente asimétrica, o tendrá uno que optar por cumplir una función de soporte y/o representación del actor débil? Ambas situaciones presentan sus riesgos, optar por ser tercero neutral puede significar la posibilidad de quedarse fuera de la escena del conflicto por cuanto de no ser aceptada la intervención por los actores sociales, resulta falto de ética optar posteriormente por un rol de soporte del actor débil. También, si uno opta por ser un tercero que represente o apoye al actor débil se verá imposibilitado de posteriormente cumplir un rol neutral puesto que esto sería percibido como poco coherente por ambos actores. Este dilema, requiere una respuesta clara de todas aquellas organizaciones interesadas en contribuir en los procesos de resolución de conflictos socioambientales (…)

Otra consideración con respecto al conflicto socioambiental, el Estado como escenario de conflictos y los Aparatos Ideológicos de Estado. Para este tema retomamos a uno de los autores citados, R. Orellana e introducimos a uno nuevo, el filósofo francés Louis Althusser.

Se pregunta R. Orellana:

¿Es el Estado un actor?, ¿Produce y reproduce prácticas y lenguajes?, ¿En términos ideológicos, es parte del mundo de concepto de naturaleza como recurso?, ¿Está nadando en el criterio de desarrollo sostenible alrededor de recursos o en el de protección y conservación? ¿Intenta conciliar ambas concepciones de la naturaleza? [13]

Y en seguida responde,

Primero, el Estado es un escenario de producción y reproducción de prácticas y lenguajes, en la medida en que opera, actúa e influye sobre ellas. En términos ideológicos es pues un escenario creador y re-creador de racionalidades. En resumen, el Estado es uno de los escenarios (quizás el más importante) en el que se debate y polemiza el nivel ideológico. Siendo así, el Estado influye sobre el nivel normativo y sobre el nivel operacional (...) Cuando el Estado ha asumido una práctica y la ha oficializado en términos de políticas y normas, es responsable de entrar en el escenario como ejecutante o garante de ejecución. Es decir, es aquél que hace seguimiento de la ejecución de ciertas normas. En este momento entra a la dinámica de relacionamiento de actores y se constituye en uno. Así, el Estado, pasa a ser sujeto interactuante en los conflictos. Si el Estado no da seguimiento a ciertas normas constituidas, es debido a presiones e influencias de otros actores y corrientes políticas. Incluso en estas circunstancias, el Estado es un actor (...) La posición que asuma en los conflictos o en la generación de ellos, dependerá de los grados de presión e influencia que los actores nacionales e internacionales tengan sobre él. [14]

Louis Althusser por su parte asegura,

La tradición marxista es categórica: se concibe el estado, explícitamente, desde el Manifiesto y el 18 Brumario, (y en todos los textos clásicos ulteriores, sobre todo de Marx sobre la Comuna de París y de Lenin sobre El estado y la revolución) como un aparato represivo. El estado es una “máquina” de represión que permite que las clases dominantes (en el siglo XIX, la burguesía y la “clase” de los latifundistas) aseguren su dominación sobre la clase trabajadora para someterla al sistema de extorsión de la plusvalía (es decir, a la explotación capitalista. Precisemos en primer lugar, un punto importante: el estado y su existencia como aparato sólo tiene sentido en función del poder del estado. Toda la lucha política de clases gira en torno del estado. Entendámonos: en torno a la conquista, es decir, a la toma y a la conservación del poder del estado por una clase determinada o por una alianza de clases o de fracciones de clases (…) [15]

Vemos entonces, según esta lectura, que el Comité de Participación de Consulta, el Programa Indígena o las Rondas de Consulta, se desarrollan Aparatos al interior de Estado. Señalamos su particularidad con unos comentarios de L. Althusser,

Para hacer avanzar la teoría del estado es indispensable tomar en cuenta no sólo la distinción entre el poder del estado y aparato del estado, sino también otra realidad, que se sitúa de modo manifiesto junto al aparato del estado y no se confunde con él. Llamaremos a esta realidad por su concepto: aparatos ideológicos del estado. ¿Qué son los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE)? ¿No se confunden con el aparato (represivo) del estado? Recordemos que en la teoría marxista, el aparato del estado AE) abarca: gobierno, administración, ejército, policía, tribunales, prisiones, etc., que constituye lo que ahora en adelante llamaremos aparato represivo del estado. El adjetivo “represivo” indica que este aparato del estado “funciona mediante violencia”, por lo menos en los casos extremos, ya que la represión administrativa, por ejemplo, no implica siempre represión física. Llamamos aparatos ideológicos del estado a cierto número de instituciones que se presentan al observador de instituciones precisas y especializadas (…) [16]

Y agrega más adelante que:

Si los AIE “funcionan” de modo predominantemente ideológico, lo que unifica su diversidad es su mismo funcionamiento, en la medida en que la ideología según la cual funcionan está siempre, de hecho, unificada – a pesar de sus contradicciones y diversidad- bajo la ideología dominante, que es la de “la clase dominante”. Si reparamos en que “la clase dominante” detenta el poder del estado (en forma franca, más a menudo, mediante alianzas de clase o de fracciones de clase) y dispone, por tanto, del aparato (represivo) del estado, podemos admitir que la misma clase dominante esté activa en los aparatos ideológicos del estado en la medida en que, a través de sus mismas contradicciones, la ideología dominante se realiza en los aparatos ideológicos del estado. Queda claro que es muy distinto actuar mediante leyes y decretos en el aparato (represivo) del estado de “actuar” por intermedio de la ideología dominante en los aparatos ideológicos del estado. Hace falta entrar al detalle de esta diferencia, pero no basta para enmascarar la realidad de una profunda identidad. Según nuestros datos, ninguna clase puede detentar durablemente el poder del estado sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre y en los aparatos ideológicos del estado.[17]

Se trata entonces, en parte, de una cuestión política, de mantener el Poder del Estado con el uso de Aparatos del Estado, sean represivos o ideológicos, y la función esencial de estos es la reproducción de las relaciones de producción. Plantea Althusser,

Podemos responder a la pregunta central, que ha quedado en suspenso durante tantas páginas: ¿Cómo se asegura la reproducción de las relaciones de producción? En el lenguaje del tópico (infraestructura, superestructura político-jurídico e ideológica. Pero como consideramos indispensable superar este lenguaje todavía descriptivo, decimos: se asegura, en gran parte, por el ejercicio del poder del estado en los aparatos del estado, en el aparato (represivo) del estado, por una parte, y en los aparatos ideológicos del estado, por otra. La existencia material de la ideología es un aparato y en sus prácticas no posee, por cierto, la misma modalidad de la existencia material de una acera o de un fusil. Pero, a riesgo que se nos trate de “neoaristotélicos” (y señalamos, de paso, que Marx estimaba en mucho a Aristóteles), afirmamos que la “la materia se dice muchas maneras” o, más bien, que existe bajo distintas modalidades y todas enraizadas en último término en la materia física”. [18]

Por otro lado, Juanita de Hernández al respecto de la dominación cultural y la autodeterminación en el Estado, afirma:

Sin embargo, la situación en el mundo hoy en día es única en la historia de la humanidad. Porque una cultura, la que podríamos llamar la “cultura occidental moderna” está directa o indirectamente imponiendo sus valores a las demás. Esto se debe al hecho de que se ha llegado a identificar al “desarrollo” con la “modernización” al estilo occidental, la cual se basa en valores pragmáticos, racionales, individualistas y consumistas. (...) Además, convencida de su propio valor y éxito, esta cultura dominante ha ejercido su poder económico y político para “guiar”, u obligar, a otros países para que adopten su sistema económico y con ello, muchos aspectos de su cultura. Esto está llevando a la homogeneización de las culturas de los pueblos. Parece que hay que dejar la cultura tradicional y adoptar la cultura “moderna” o estancarse. Esta situación es muy dañina por dos razones. No toma en cuenta los beneficios de la diversidad cultural ni tampoco los valores negativos contenidos en la cultura dominante.[19]

Con relación a las estructuras de dominación y de opresión la autora agrega que,

Además de las presiones ejercidas por la cultura occidental, en cada país hay una cultura dominante. Demasiado a menudo, la relación entre esta cultura dominante y las demás culturas o grupos étnicos que residen en el país, no se caracteriza por el respeto y el aprecio mutuo. Generalmente existen prejuicios y las culturas minoritarias son discriminadas. Y frecuentemente hay una meta de “integrarlas”, o absorberlas, en la cultura nacional, aunque sea como ciudadanos de segunda clase. [20]

Con respecto a la relación entre la tecnología y el cambio cultural, Juanita de Hernández, comenta:

Existe un concepto equivocado de que la tecnología es neutral y que cualquier pueblo la puede utilizar, sin que afecte a los otros elementos culturales. Pero esto no es verdad. La tecnología afecta la forma de hacer las cosas y de organizarse. Generalmente esta forma es compatible con los valores de la cultura que origina la tecnología, pero puede ser que choca con los valores de otras culturas (…) En resumen, una cultura que quiere dirigir su propio desarrollo necesita evaluar la tecnología antes de adoptarla. Y si decide adoptarla, debe buscar la forma de darle su propio uso, interpretándola de una manera que ayude a fortalecer elementos valiosos de la cultura. No debe limitarse a la imitación total de la tecnología, sino buscar formas de adaptarla. Esto debe llevar a la capacidad de inventar tecnologías propias que reflejen los valores culturales. [21]

Retomando a L. Althusser, y para concluir esta sección dedicada a la resolución de conflictos socioambientales, un último comentario para aclarar el carácter de la ideología dominante.

En una sociedad dada los hombres participan en la producción económica, cuyos mecanismos y efectos son determinados por la estructura de las relaciones de producción; los hombres participan en la actividad política, cuyos mecanismos y efectos son regulados por la estructura de las relaciones de clase (la lucha de clases, el derecho y el estado. Los mismos hombres participan en otras actividades, actividad religiosa, moral, filosófica, etc., sea de una manera activa, por medio de prácticas conscientes, sea de una manera pasiva y mecánica, por reflejos, juicios, actitudes, etc. Estas últimas actividades constituyen la actividad ideológica, y son sostenidas por una adhesión, voluntaria o involuntaria, consciente o inconsciente, a un conjunto de representaciones y creencias religiosas, morales, jurídicas, políticas, estéticas, filosóficas, etc., que forman lo que se llama el nivel ideología (…) En una sociedad de clases, la ideología sirve a los hombres no solamente para vivir sus propias condiciones de existencia, para ejecutar las tareas que les son asignadas, sino también para “soportar” su estado, ya consista éste en la miseria de la explotación de que son víctimas o en el privilegio exorbitante del poder y de la riqueza de que son beneficiaros. [22]
[1] (…) Los bosques son hechos sociales. (Pg. 6) (…) Por percepción entendemos una representación subjetiva, una imagen mental colectiva sobre las características físico espaciales de su entorno (urbano o rural) y el progreso de satisfacción de sus necesidades (no sólo materiales sino también culturales, psicológicas, etc.) respecto de dicho entorno. (…) Los espacios vitales o espacios de vida, son, como los ambientes, construcciones sociales, en las cuales intervienen como motores las percepciones, las valoraciones de las sociedades locales y los actores que tienen determinados intereses y necesidades respecto a dichos espacios y recursos. El desencuentro de construcciones sociales del entorno, produce también conflictos. ORELLANA H., René (*). Conflictos... ¿sociales? ¿ambientales? ¿socioambientales?...conflictos y controversias en la definición de conceptos. Mimeo, Pg. 8 (*) Sociólogo, Investigador del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social. CEJIS
[2] ORELLANA H., René. Aproximaciones a un Marco Teórico para la comprensión y el manejo de conflictos socioambientales. CERES-FTTP, Cochabamba, 1995 Pg. 1
[3] Ibídem Pg. 1
[4] Ibídem Pg. 2
[5] Ibídem Pg. 3
[6] Ibídem Pg. 3
[7] Ibídem Pg. 5
[8] Ibídem Pg. 8
[9] GUERRERO A., Patricia “El conflicto social: Aproximaciones conceptuales y metodológicas”. Mimeo
[10] Ibídem
[11] Ibídem
[12] ORMACHEA CHOQUE, Iván (*) Utilización de medios alternativos para la resolución de conflictos socioambientales: Dos casos para reflexionar Ponencia preparada para la Conferencia Electrónica FAO-FTPP-Comunidad de Conflictos Socioambientales: desafíos y propuestas para la gestión en América Latina. Quito, enero-marzo del 2000 (*) Iván Ormachea Choque, es Master en Relaciones Internacionales y Resolución de Conflictos por la Syracuse University de Nueva York, USA, Director del Instituto Peruano de Resolución de Conflictos, Negociación y Mediación (IPRECON), profesor universitario, abogado y consultor en resolución de conflictos.
[13] ORELLANA H., René. Op. Cit. Aproximaciones…
[14] Ibídem
[15] ALTHUSSER, Luís. Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado, en Filosofía como arma de la revolución. Cuadernos del Pasado y Presente # 4, México. Traducción de Oscar del Barco, Enrique Ronán y Oscar L Molina. Novena Edición 1978 Pg. 107
[16] Ibídem Pg. 109. Una consideración del filósofo francés L. Althusser ¿Con qué derecho podemos considerar aparatos ideológicos a las instituciones que en su mayoría no poseen status público y son sencillamente instituciones privadas? Gramsci, marxista consciente, había previsto la objeción. La distinción entre lo público y lo privado es una distinción propia del derecho burgués, y es válida en los dominios (subordinados) en los cuales el derecho burgués ejerce su poder. El dominio del estado queda afuera, ya que éste queda “más allá del derecho”. El Estado, que es Estado de la clase dominante no es ni público ni privado; es, por el contrario la condición de toda distinción entre lo público y lo privado(…) Pg. 109
[17] Ibídem Pg. 112
[18] Ibídem Pg. 113
[19] Hernández , Juanita de. La multiculturalidad en la resolución de conflictos. Universidad Nur. Santa Cruz, Bolivia. 1999. Pgs. 10, 11
[20] Ibídem, Pg. 13
[21] Ibídem, Pgs. 20, 22 y 23
[22] ALTHUSSER, Louis. Práctica teórica y lucha ideológica en “Filosofía como arma de la revolución” Cuadernos del Pasado y Presente # 4, México. Novena Edición 1978, Pgs. 46, 47, 48

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