Thursday, July 28, 2005

2.3 Ecología Humana

Para avanzar en aproximarnos conceptualmente a la cuestión del conflicto socioambiental en el amazonas, introducimos un enfoque conocido como Ecología Humana. El investigador Emilio F. Morán define el concepto de Ecología Humana:

La ecología humana representa un enfoque interdisciplinario sobre las relaciones entre la población humana y su ambiente físico, político y socioeconómico. Así, se interesa por los procesos de adaptación e inadaptación de una población humana. Vale la pena destacar que a la ecología humana no le preocupa solamente la adaptación sino también la inadaptación. Cualquier adaptación exitosa en relación con un problema conduce, en la mayoría de los casos, a la inadaptación en otro nivel (...) [1]

Para Emilio Morán, la perspectiva ecológica presenta ventajas para el análisis de las relaciones entre el hombre y el ambiente. Dice:

En la concepción de las relaciones entre el hombre y el ambiente, la perspectiva ecológica presenta una serie de ventajas. Las investigaciones realizadas de acuerdo con esta perspectiva ayudan a corregir ideas equivocadas sobre sistemas de subsistencia. Teóricamente el concepto hace énfasis en el holismo sin abandonar la investigación de las relaciones específicas. Además, la perspectiva ecológica desvía nuestra atención de las correlaciones simplistas asociadas con determinismos ecológicos y culturales y permite una mayor atención a las redes de relaciones complejas características de los sistemas ecológicos (…)

Un poco más adelante define el objeto de estudio de esta disciplina,

El objetivo del estudio de la ecología humana es el comportamiento humano en su variabilidad (Viertler, 1988). El razonamiento ecológico se basa en el análisis interdisciplinario de las bases de ese comportamiento: el contexto variable del ambiente físico y geográfico, las diferencias en cuanto trayectoria histórica, la organización social y sus contradicciones internas, el impacto de las fuerzas externas, la dinámica política interna y las relaciones políticas externas. [2]

Para este autor, el ecosistema es el contexto general en que se produce la adaptación humana, y como los humanos habitan diversas regiones del planeta, ese contexto es bastante variable. Así,

Una población humana, en un ecosistema específico, da respuestas que reflejan presiones ambientales presentes y pasadas. Cuanto mayor es el tiempo que una población humana habita en un ambiente estable, mayor será el grado de adaptación de esa población a las diversas presiones ambientales (...)

Con relación a posibles imputaciones de reduccionismo, el autor advierte que,

La ecología humana apunta a integrar el conocimiento sobre la diversidad de comportamientos de las poblaciones humanas con los sistemas en que esas poblaciones se encuentran, invalidando la idea de que eso representa un “reduccionismo materialista” (...) Una ecología humana que no contextualiza al hombre en su ambiente físico, en su historia y en su percepción del ambiente es incapaz de explicar la complejidad de las relaciones humanas (...) [3]

Con respecto a un análisis holístico sobre una cultura, este autor pregunta ¿Cómo se puede establecer si una población está adaptada a su medio? y responde:

Pueden utilizarse criterios demográficos y epidemiológicos, como el equilibrio entre natalidad y mortalidad, medidas de incidencia y prevalencia de enfermedades (es decir la morbilidad) y la mortalidad infantil. Otros han empleado indicadores como la energía total procesada por la población y la eficiencia energética de una tecnología. También los criterios nutricionales son útiles para establecer la capacidad de una población de obtener la alimentación necesaria para mantener sus funciones.[4]

En otro lugar el autor nos previene acerca de la necesidad de una interpretación multifacética en materia de comportamiento humano.

El análisis científico del comportamiento humano no se agota con la alusión a normas, patrones o valores sociales. Estos son absolutamente necesarios para la comprensión del comportamiento humano, pero no suficientes para explicarlo. El comportamiento no es simplemente una respuesta a las estructuras sociales y culturales, ni es reductible a respuestas inevitables al capitalismo: en él influye un gran número de factores. El ambiente de un individuo, o de una población, incluye el conjunto de presiones materiales que pueden provenir tanto del ambiente físico como del ambiente humano o social. [5]

Asimismo, señala la conveniencia práctica de enfocar el estudio del comportamiento humano teniendo presente sus aspectos coevolutivos.

La hipótesis de la necesidad de desarrollar sistemas coevolutivos, a manera de mantener la integridad de los sistemas ecológicos al mismo tiempo que se optimiza la productividad de esos sistemas para la población, ha tenido éxito en otras partes del mundo y merece atención en la Amazonía (...) [6]

Al respecto de las comunidades indígenas amazónicas, F. Morán, a lo largo de su libro “La ecología humana de los pueblos de la Amazonía” describe el uso del ambiente por parte de estos pueblos. Citamos un fragmento muy ilustrativo (negreado nuestro):

El criterio tradicional para la agricultura entre los Uacuenais es la elección de lugares en la selva donde haya árboles mori, que crecen en áreas restringidas en las inmediaciones de los ríos Icana, Iguaimía. En Venezuela no consiguieron encontrar ese árbol y por consiguiente su criterio dejó de ser útil: es posible que los mismos suelos existan en Venezuela y en Colombia, pero las especies indicadoras varían de una región a otra. Este ejemplo ilustra bien las consecuencias del desplazamiento de poblaciones amazónicas debido a la colonización y el colonialismo. El hecho de que poseen cocimientos superiores sobre el ambiente confirma la importancia de aprender de las poblaciones indígenas sobre el modo de manejar la Amazonía, al tiempo que da testimonio de la desaparición de muchas técnicas causadas por la ocupación de áreas indígenas. Es necesario hacer esfuerzos para evitar futuros desplazamientos de las poblaciones amazónicas y facilitar, siempre que sea posible la reocupación de los territorios tradicionales. En esa área, un papel importante corresponderá a la etnohistoria: cada día aumentan las pruebas de que las poblaciones indígenas sabían manejar el ambiente y no solamente se acomodaban a sus limitaciones, lo que da idea de la importancia de la investigación ecológica orientada hacia esas prácticas de la población regional. [7]

Este autor describe también metodologías antropogénicas de construcción del entorno ambiental, la tierra en particular,

En la Amazonía hay también suelos antropogénicos, conocidos como terra preta do indio (TPI) o "tierra negra de indio" (Sombrock, 1966, Smith, 1980, Kern y Kampf, en prensa). Los suelos tienen claros vestigios de ocupación humana, con artefactos de cerámica, restos de carbón y material lítico (Et. al., 1984). Los Assuriníes y Arauetés, en vez de sentir las limitaciones de los suelos como tantos otros, identificaron manchas de tierra negra de indio de alta fertilidad, demostrando una vez más que el hombre puede superar las limitaciones ambientales mediante el manejo y la identificación de manchas donde esas limitaciones están ausentes. La importancia de explorar éstas áreas con cuidado se basa en la hipótesis de que cada centímetro cuadrado de tierra negra de indio representa diez años de ocupación, hipótesis importantísima que merece ser probada con mucho cuidado (Smith, 1980). Si las investigaciones futuras lo confirman, la producción de las tierras negras de indio de 35-80 cm., bien drenadas y de alta fertilidad puede haber llevado de 350 a 800 años. Sin embargo la acumulación no depende sólo del tiempo de ocupación, sino también de la densidad demográfica o de la contribución de esos dos factores (Kern, 1988); su uso indiscriminado hoy puede terminar por destruir ese importante recurso de la Amazonía.[8]

El enriquecimiento de la diversidad genética es otro aspecto al que Morán hace referencia y cuyos criterios discrepan a lo planteado por el Consorcio Prime al respecto. Dice el autor (negreado nuestro)

El efecto de las actividades de los indígenas en las selvas de tierra firme ha sido promover la diversidad genética a través de la creación de mini selvas antropogénicas, con una alta concentración de recursos útiles (por ejemplo, la selva de Cipó) o selvas con especies dominantes cuando las características de la especie favorecen su manejo por concentración (por ejemplo los castaños) o los recursos utilizados requieren grandes volúmenes de materia prima (por ejemplo, el Babaçú) [9]

“El libro de la naturaleza” es otra particularidad de estas culturas que inscriben en el ambiente mismo su devenir histórico, así,

La selva de tierra firme mantiene una gran diversidad inicial que es una gran riqueza potencial para la investigación genética en el futuro pero que también ha afectado las poblaciones humanas. La diversidad y el endemismo de la selva presentan el problema de tener que seleccionar las áreas para las parcelas de cultivo, dado que no hay indicadores de las áreas óptimas para la agricultura que funcionen con seguridad en todas las regiones. Las poblaciones de la Amazonía resuelven esto en forma muy ingeniosa, creando selvas antropogénicas que le facilitan su identificación a las poblaciones posteriores. Ese proceso de modificación no necesariamente ha sido consciente; muy probablemente no fue intencional. Sin embargo, la cuidadosa observación de la naturaleza y la convivencia con ella condujeron a las poblaciones amazónicas a relacionar la presencia de selvas atípicas con la indicación de potencial de ocupación- En algunos lugares la acción de las generaciones anteriores ha sido consagrada en la mitología, en la que se explica el origen de algunas plantas halladas en esas selvas antropogénicas; en el proceso, cada generación continuó manipulando el ambiente, creando una diversidad de islas o manchas de recursos útiles en medio de una selva de recursos dispersos.[10]

Con relación a un tema importante en Bolivia, los derechos indígenas y la ganadería, encontramos en esta obra algunas reflexiones significativas:

Es preciso dar a las poblaciones indígenas derechos legales sobre esas áreas; con los adelantos de la agronomía, es dudoso que la ganadería, en el cerrado merezca los incentivos fiscales que ha venido recibiendo. El cerrado es capaz de soportar grandes poblaciones humanas; ha llegado el momento de que el hombre ocupe su lugar en ese ambiente favorecido, en lugar de dejarlo a los bueyes (…) [11]

En zonas de la Amazonía he oído hablar a los agricultores de la pequeña área cultivada debido al ganado suelto (Marajó, San Carlos de Río Negro, etc.). Con el crecimiento demográfico del Brasil, la ganadería como técnica de ocupación debe ser reconsiderada, y los rebaños reducidos a las áreas incapaces de producir cultivos o de poco valor biológico y forestal. Además el ganado debe ser criado con técnicas intensivas que no impliquen la deforestación de los campos de pastoreo (...) [12]

La ganadería extensiva como arma de colonización de grandes territorios es un lujo inaceptable en un mundo que pide mayor cantidad de cereales y áreas para la conservación. Las investigaciones sobre ecología humana en la pequeña propiedad rural pueden identificar los sistemas de manejo que permiten una producción agrícola y ganadera sostenible, asociada con porcinos y aves que aumente el ingreso rural, la disponibilidad de productos agrícolas para las poblaciones urbanas y la presencia de áreas para diversión y conservación. [13]

Con relación a los criterios a tener en cuenta para determinar el grado de adaptación de un grupo humano al entorno, tal como se pregunta Morán, transcribimos a continuación los resultados de un estudio hecho por mujeres indígenas chiquitinas y una antropóloga, sobre el uso de plantas útiles. La investigación se realizó con el apoyo de la Central Indígena de Comunidades de Concepción (CICC) y estuvo orientada a la defensa de su territorio y al manejo de sus recursos naturales.

El estudio tiene un enfoque de género, comparando los conocimientos botánicos y los intereses de los hombres y de las mujeres respecto a las especies que conocen y usan en su vida cotidiana. Ha sido de gran interés del equipo de investigadoras mostrar la importancia de distinguir las categorías de sexo y edad y destacar los conocimientos e intereses de las mujeres en el manejo de recursos naturales. El trabajo muestra con resultados concretos que el tipo de conocimiento, uso e intereses respecto a los recursos naturales varía según grupos de edad y sexo, siendo por lo tanto necesario comprender sus particularidades para entender los intereses y necesidades de los diferentes sectores sociales (…) [14]

Se comenta en la publicación que la economía de los indígenas chiquitanos se basa en el uso de grandes espacios que les permiten practicar sus actividades de caza, pesca, agricultura, agroforestería o recolección. Practican agricultura de roza y quema, con rotación de cultivos: en el primer año arroz, o arroz con maíz, en el segundo y tercer año, maíz, y luego plátano o yuca para terminar el ciclo y dejar descansar la tierra un período de entre cinco a quince años, aunque la falta de tierras comunales, obligue cada vez más, a volver a los barbechos, antes que termine el ciclo de recuperación del suelo.

Sobre el conocimiento de plantas útiles en Concepción, el estudio arriba a los siguientes resultados:

La información etnobotánica que es el resultado de las entrevistas individuales, toma en cuenta solamente las 281 plantas, mientras que la información botánica general se basa en las fichas de plantas por lo que incluye todas las especies identificadas, que son 290. La mayor parte de las 290 plantas útiles encontradas en la zona son árboles (128), seguidos por las hierbas (89), arbustos (47), bejucos (16), palmas (7) y cactus (3) (…) Las categorías de uso más importante en la zona de Concepción son las medicinales (216), alimenticias (119), leñosas (94), material de construcción (54), elaboración de utensilios domésticos (33) y muebles (28) (…) Fueron mencionadas otras 20 categorías de usos que en su conjunto representan un 33% de todas las plantas utilizadas (…) La media de uso por especie es de 2.3, encontrándose en un extremo 123 especies con un solo uso y en el otro 4 especies con 8 usos (…) los árboles y las palmas tienen un promedio de 3,1 y 5,4 usos respectivos. Su grado de multifuncionalidad es por lo tanto bastante más alto que el de otras formas de vida (…) La multifuncionalidad de las especies se refleja también en la cantidad de partes útiles (frutos, hojas, flores, etc.). La media de las partes útiles por especie es de 2.5, encontrándose en el extremo alto 89 especies con una sola parte útil y en el más bajo 3 especies con ocho partes útiles (…) De las 12 partes útiles, 3 requieren generalmente la destrucción de la planta para su uso. Este es el caso de los tallos que son mayormente utilizados para leña aunque la leña incluye también las ramas cuyo corte no significa la muerte de la planta (…) Esta investigación se realizó en las comunidades de Altamira, El Carmen, Candelaria al Sur y Palestina al Norte. Estas fueron elegidas en función de los siguientes criterios: Ubicación en distintas formaciones boscosas; diferencias en la composición de la vegetación; superficie del bosque comunal, entre otros. [15]

Las comunidades estudiadas hacen un uso artesanal de estas plantas para elaborar jabón, tóxicos utilizados en la pesca, especies ornamentales, colchón, herramientas, carretones, juguetes, sombra, carbón, colorantes, curtiembres, lija, chicha, instrumentos musicales, goma, entre otros. Tienen utilidad las hojas, frutos, tallos, raíces, cortezas, maderas, cogollos (brotes), flores, semillas, reinas, plantas completas y cáscaras.

Para ampliar el tema de la Ecología Humana del Amazonas, vese en el DVD del Anexo IV, la entrevista a Pat Mooney sobre indígenas, agricultura y biodiversidad en Bolivia, y la entrevista a Josep Barba, acerca del aparato hídrico productivo precolombino Mojeño.
[1] MORÁN, Emilio F. La ecología humana de los pueblos de la Amazonía. Fondo de Cultura Económica. México. 1997, Pg. 19
[2] Ibídem Pgs. 21, 25 y 26
[3] Ibídem. Pgs. 22, 24 y 25
[4] Ibídem. Pg. 23
[5] Ibídem. Pg. 26
[6] Ibídem. Pg. 64
[7] Ibídem Pg. 149
[8] Ibídem Pg. 175
[9] Ibídem Pg. 188
[10] Ibídem Pg. 188-189
[11] Ibídem Pg. 245
[12] Ibídem Pg. 265
[13] Ibídem Pg. 265
[14] BIRK, Gudrun. Plantas útiles en bosques y pampas chiquitanas. Un estudio etnobotánico con perspectiva de género. Pueblos Indígenas de las Tierras Bajas de Bolivia, Libro 5. Apoyo para el Campesino Indígena del Oriente Boliviano – APCOB. Editores: Graciela Zolezzi, Jurgen Riester. Santa Cruz - Bolivia. octubre de 1995. Pg. Presentación
[15] BIRK, G. Op. Cit. Pgs. 23 - 27

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