Thursday, July 28, 2005

3.2 Debate académico sobre conservación en bosques tropicales

3.2.1 Rol indígena en la conservación



Como tarea inicial destinada a esclarecer la lógica que rige la respuesta del Consorcio Prime a la demanda de la CIDOB sobre gestión de recursos y reconocimiento a su rol positivo en la conservación del bosque, retomamos la cita. Dice:

Con relación a las áreas protegidas en la región y el acceso a los recursos naturales, debe quedar claramente establecido en los informes de Evaluación Ambiental Estratégica del Corredor, en la revisión y complementación de EEIA, que la existencia de recursos de biodiversidad y bosques conservados se deben principalmente a que estas áreas constituyen los habitats naturales de las poblaciones indígenas, consiguientemente la administración y gestión de los mismos debe ser por parte de las poblaciones locales y subsidiariamente con apoyo de las entidades de conservación y no a la inversa.[1]

Para una mejor comprensión del sentido de la posición indígena en su demanda, así como aquél inherente a la respuesta dada por el Consorcio, ubicaremos el contenido de éstas en un contexto más amplio, integrado por conclusiones elaboradas por científicos académicos, producto de investigaciones relacionadas con la temática tácitamente planteada por estos "actores". Existen, al respecto, juicios ilustrativos, provenientes del ámbito académico, que avalan esta declaración de los pueblos indígenas.

La evidencia acumulada permite aceptar que la demanda de los originarios es legítima en dos sentidos. Por una parte lo es en virtud de legislación nacional e internacional vigente, y por otra, en mérito a la importancia de su conocimiento sobre manejo de recursos naturales en el largo plazo, acumulado por generaciones. En publicaciones accesibles con facilidad, cuya autoría corresponde a científicos de reconocido prestigio se dice por ejemplo que (negreado nuestro),

(...) las poblaciones indígenas de la Amazonía se adaptaron al ambiente de tierra firme y desarrollaron sistemas de manejo que son superiores a los trasladados a la región por personas extrañas. Muchos de los recientes avances en el manejo de las áreas de tierra firme son solamente imitaciones científicas de los sistemas tradicionales (…) La eficiencia energética del sistema de corte y quema es indiscutible en comparación con cualquier otro sistema que pueda introducirse: produce más calorías por cada caloría invertida que cualquier otro sistema – pero esa eficiencia energética depende de la abundancia de tierras disponibles, de la baja densidad demográfica y el uso de plantas adaptadas a las condiciones ambientales.[2]

Este reconocimiento no es gratuito y se origina en el vivo interés suscitado por el capital cognoscitivo que ostentan las etnias amazónicas. Así nos enteramos de que,

En el Brasil la investigación etnoecológica tiene dos grandes promotores: Berta Ribeiro y Darrel Posey. Berta Ribeiro en su organización del primer volumen de la Suma etnológica brasileira (1986), sobre etnobiología, da al tema la importancia que merece, mostrando el valor de investigaciones recientes en etnobotánica, etnofarmacología, etnoentomología, etnoagronomía y etnozoología. Darrell Posey inició hace alrededor de dos decenios sus investigaciones en etnoecología entre los indios Caiapós de los Gorotirés. Con el paso de los años el proyecto Cayado atrajo a muchos investigadores interesados en analizar distintas dimensiones de la etnoecología Cayado ( Hecht y Posey, 1989), palmeras (Anderson, 1983), agricultura (Posey, 1985), apicultura (Posey 1986), hormigas (Overal, 1989) y plantas medicinales (Elizabetsky, 1986). Las descripciones y clasificaciones muestran que esos conocimientos son detallados y tienen muchos objetivos. [3]

Para alcanzar mayor grado de certeza hallamos otras citas que transcribimos a continuación (negreado nuestro):

Los pueblos indígenas, en todos los bosques húmedos tropicales de Latinoamérica, dependen de la cacería de animales para obtener la mayor parte de las calorías y proteínas necesarias. Como resultado de esta dependencia, ellos han desarrollado un conocimiento íntimo de las relaciones entre los animales y su entorno natural (…) ellos desarrollan a lo largo de generaciones la habilidad de leer señas e indicios existentes en el medio ambiente, resultándoles esto de utilidad para evitar el agotamiento de las especies locales. Con su conocimiento detallado del comportamiento del animal, los cazadores indígenas podrían ser empleados como valiosos consultores en proyectos tales como esfuerzos de planificación en conservación y en la creación de áreas protegidas." [4]

Según puede constatarse en una publicación local, la literatura científica abunda en reconocimientos al mérito y a la importancia, en materia de ecología y conservación, del conocimiento indígena; transcribimos un fragmento cuyo contenido es significativo (negreado nuestro):

La Dra. Towsend en un estudio sobre primates realizado en Aracuara, en la orilla norte del rió Caqueta, en el Estado homónimo en el sur de Colombia, con miembros de la cultura Murui (Witoto), verificó que aproximadamente un 90% de la información manejada por esa cultura coincidió con la literatura científica. Esos conocimientos transmitidos en forma oral de generación en generación han tomado la forma de narraciones amenas pobladas con datos y hechos relativos al medio ambiente. La información recopilada en ese caso fue más completa que la disponible en la literatura científica. Los conocimientos de la ciencia occidental son aún más deficientes en el caso de otras especies.

Finalmente agrega W. Towsend un argumento irrefutable con relación al valor del conocimiento indígena, al afirmar que:

(…) les tomaría a los científicos occidentales muchos años para reunir tantos datos y relaciones sobre el ambiente amazónico, como lo ha confiado a su memoria algún anciano de esas comunidades.[5]

Leemos en otro sitio que (negreado nuestro),

La curiosidad humana constituye una actitud espontánea y natural, dirigida al bienestar propio y de la comunidad. No debería sorprendernos que grupos étnicos que habitaron un área determinada por generaciones, desarrollen in situ, evolutivamente, sistemas de agricultura y formas de vida efectivas y sostenibles. Cuando estos sistemas "fracasan", dejando de lado cataclismos naturales, la razón hay que buscarla en la brutal interferencia ejercida por las sociedades colonialistas en los últimos 500 años. Los miembros de las comunidades campesinas y de los pueblos indígenas del Tercer Mundo han mostrado que conocen un espectro de variedades vegetales, alimenticias y medicinales, mucho más amplio de lo que usualmente se suponía.[6]

Pat Mooney, director del ETC Group (Grupo en Erosión Tecnología y Concentración, antes RAFI) brinda una variedad de referencias provenientes de diversas regiones del mundo; todos ellos tienen en común el rol prominente asignado al conocimiento y técnicas locales de manejo y conservación de recursos naturales por los diferentes investigadores:

De acuerdo con el Dr. Michael Balick del New York Botanical Garden, "las comunidades indígenas de Centroamérica tuvieron al menos 200 generaciones humanas de experimentos de ensayo y error adaptando y desarrollando su tierra, identificando fuentes sustentables de alimentos y medicinas." Los pueblos indígenas han desarrollado en extensos períodos de experimentación un conocimiento notablemente rico en cuanto a especies comestibles y medicinales. En Borneo, por ejemplo, muchas comunidades incluyen apenas la tercera parte de su dieta dentro de las variedades vegetales que ellos cultivan. El resto de su sustento proviene de especies silvestres. Algunas comunidades tienen identificadas como comestibles 800 especies de plantas, 100 de fauna terrestre y varios cientos de aves.[7]

Por otro lado, el proceso de selección de medios de vida de los pueblos indígenas no es tan lento como podría pensarse.

Va como ejemplo el caso de la introducción del árbol dandavan, originario de Australia, en un área del norte de Bombay en la India. En el primer año en el cual el árbol floreció, los Warli, una etnia local, "descubrieron que sus semillas podían usarse como estupefaciente para la captura de peces y en consecuencia con esta propiedad, también comenzaron a darles uso medicinal. Al año siguiente del descubrimiento de los Warli, un "paper" describiendo los experimentos realizados por dos científicos, acerca del efecto de la semilla en dos especies de peces confinados en un acuario instalado como laboratorio, fue publicado en Environment and Ecology. No sólo los indígenas superaron a los científicos, anticipándoseles; su investigación no requirió equipos costosos, ni remisiones de informes y presupuestos, aprobación de sus pares y fue probada en los peces que se necesitaba capturar en su ambiente natural. Fue ésta una investigación llevada a cabo en forma comunitaria y para la comunidad, en lugar de hacerlo en el encerrado y celoso mundo de la institución académica." [8]

Una referencia a nuestra geografía. En un estudio sistemático sobre manejo de recursos naturales por naciones indígenas, encontramos este pasaje cuyo contenido resulta revelador. Dice así (negreado nuestro):

(...) los amerindios son las únicas sociedades con el conocimiento necesario, la pericia y la tradición para prosperar en la selva amazónica, por tener una apreciación de lo existente fundada en el hecho que comprenden las interrelaciones ecológicas de los variados componentes del sistema amazónico mejor de lo que lo hacen los ecólogos modernos. Los indígenas perciben relaciones específicas, la exactitud de las cuales sólo ahora ha sido descubierta por los biólogos. Nosotros (los científicos) permanecemos en la más abyecta ignorancia sobre la identidad, la ubicación y la forma de uso de una miríada de plantas con principios activos medicinales conocidas por los indígenas, curas para dolencias específicas, contraceptivas, abortivas, venenos para puntas de la flecha y substancias para adormecer a los peces. Nuestra ignorancia sobre la estacionalidad, la migración y la sucesión en la selva amazónica es casi total.[9]

Siguiendo con el tema, Pat Mooney cita dos casos ejemplares (negreado nuestro):

Los Bukusus, una etnia de Bungoma, en Kenia, crearon un sistema de taxonomía vegetal superior al de Carl Linnaeus. El investigador botánico Mark Plotkin, trabajando con indígenas en Brasil concluyó que "porque tú tienes un PhD y el otro tipo no sabe leer, esto no significa que tú sabes más sobre botánica que lo que él sabe." [10]

Para terminar, este mismo autor nos recuerda que:

Es fundamental no perder de vista que todas las especies vegetales comestibles conocidas en el mundo, sin excepción, fueron domesticadas por pueblos indígenas. Los pueblos indígenas de América Latina han domesticado un número no inferior a 70 de las más importantes plantas alimenticias cultivadas hoy en todo el mundo.[11]

La respuesta del Consorcio Prime a la CIDOB no obstante los antecedentes expuestos, evidencia una orientación divergente. Cabe señalar que, la orientación que se observa en la respuesta del Consorcio, ignora el valor asignado al conocimiento indígena por una parte significativa de la comunidad científica internacional. Al respecto, este tema será tratado con más detalle en la sección donde se expone el debate acerca de la conservación del bosque tropical con o sin participación de las poblaciones locales en el proceso, y acerca también del carácter que dicha participación, en caso de implementarse, debe tener.

La cita que sigue está tomada de un "foro escrito" publicado en Conservation Biology, órgano de prensa científica del “Center for Conservation Biology” del “Department of Biological Sciences” de la Universidad de Stanford, California. Más exactamente, pertenece a uno de los trabajos publicados en dicho foro por los distintos especialistas que participan en el mismo (más adelante analizaremos este debate y sus implicancias y consecuencias en relación con el proceso de consulta implementado y con el diseño de los planes de manejo de los recursos naturales). El texto trascripto a continuación pertenece al trabajo que lleva por título “Autodeterminación o determinismo ambiental para los pueblos indígenas en la conservación del bosque tropical (Self-Determination or Environmental Determinism for Indigenous Peoples in Tropical Forest Conservation)”. Su autor, Marcus Colchester, del “Forest Peoples Programme” sostiene allí que,

(...) las áreas protegidas necesitan ocupantes humanos que las defiendan. En un mundo crecientemente globalizado y liberalizado, los conservacionistas no pueden confiar en las acosadas burocracias estatales para defender áreas protegidas, aisladas, de gran biodiversidad. Las áreas estrictamente protegidas requieren ser implantadas dentro de paisajes manejados, mucho más extensos, ocupados por seres humanos que también se ocuparán de cuidar el ambiente y el bienestar de las futuras generaciones. [12]

Sin embargo, al margen de estas cuestiones de hecho, el autor sostiene que,

Hay otras razones compulsivas como para que los conservacionistas colaboren con los pueblos indígenas, ya que en particular, hacerlo de otra forma sería violar el derecho internacional. Los derechos de los pueblos indígenas, entre otros, al uso, propiedad, manejo y control de sus tierras y territorios tradicionales están reconocidos en la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo, (OIT 1989). Su derecho a la autodeterminación ha sido reconocido por el Subcomité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación y la Protección de las Minorías y el Comité de Naciones Unidas de Derechos Humanos. La Convención sobre Diversidad Biológica, firmada inicialmente en 1992 y ratificada ahora por 171 países, enfatiza de igual modo la necesidad de proteger el uso de recursos naturales según las costumbres. En 1994, la World Conservation Union revisó su sistema de categorías de áreas protegidas para incluir otras, incluyendo a los pueblos indígenas y no solamente a las agencias estatales en la posesión y manejo de áreas protegidas. Los derechos existentes y emergentes de los pueblos indígenas en el derecho internacional han sido suscriptos por organizaciones de conservación que marcan la tendencia tales como el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (World Wildlife Fund 1996, WWF, Internacional) y la World Conservation Union. Recientemente, la World Commission on Protected Áreas et al. publicó lineamientos para el reconocimiento de derechos indígenas en áreas protegidas.[13]

Otro documento cuyo contenido elimina incertidumbres con respecto al status acerca del reconocimiento internacional de los derechos de las comunidades locales y que además esta relacionado con la fundación de la FCBC. La WWF en su mimeo "Rol conservacionista de WWF con relación a la conservación del Bosque Chiquitano" (24-9-2000) informa que en el mes de abril de 1999 tuvo lugar una reunión en las oficinas de WWF en Washington, D.C., con la asistencia de ejecutivos de las empresas Enron y Shell, y también de las ONG Friends of the Earth y Conservation International. En dicha reunión las ONG propusieron un trazado alternativo para el gasoducto. Las empresas rechazaron esa ruta alternativa, alegando que haría sensiblemente más costosa la construcción del gasoducto por cuanto había sido planificada para la época seca de 1999; y a partir del 1-3-2000, por cada día sin entrega de gas a Cuiabá, se había establecido una multa de $US1 millón. No hubo acuerdo acerca del estudio suplementario y Enron ofreció financiar un pequeño estudio independiente a cargo de las organizaciones científicas independientes (ISEA). WWF organizó el ISEA en 5 días y lo coordinó. La Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), El Museo de Historia Noel Kempff Mercado (MHNNKM), el Missouri Botanical Garden (MBG) y la Wildlife Conservation Society (WCS) participaron en el ISEA. El propósito de éste era enriquecer el SEA: estudio de habitats críticos y análisis de impactos acumulativos del gasoducto (acceso, deforestación, fragmentación). En las recomendaciones del estudio independiente, la WCS y las empresas Enron, Shell y Transredes propusieron la creación de una ONG con domicilio legal en Houston, Texas y manejada por las organizaciones internacionales y las 2 ONG locales. Por su parte, WWF recomendó que fuera una ONG boliviana y que la autoridad máxima del fondo fuese local y no internacional. Propuso esta organización en el documento citado,

"(...) una estructura transparente, sin conflictos de intereses y con representación y participación de varios sectores en la toma de decisiones. Hasta la fecha (en la FCBC) no hay participación de otros sectores en ninguno de los dos cuerpos directivos. Hay concurrencia de intereses entre los directores y el director ejecutivo con los ejecutores de los trabajos / proyectos."[14]

En tanto, en los meses de julio y agosto de 1999 las empresas y las ONG empezaron a definir la estructura y manejo del Programa y / o Fondo para la Conservación del Bosque Chiquitano. En el transcurso de este proceso, en varias reuniones y también durante un taller, WWF dio a conocer sus inquietudes acerca del manejo y estructura propuesta por las otras cuatro ONG (FAN, WCS, MHNNKM y MBG), por las empresas Shell, Enron, Transredes. Arribamos en este punto a un pasaje clave, a partir del cual se confirma lo referente al reconocimiento internacional de los derechos indígenas como se menciona en el artículo de Marcus Colchester citado arriba , en efecto, dice en el documento que,

"WWF recomendó que se estableciera un Fondo manejado según los principios ya establecidos en el ámbito internacional para el manejo de fondos medio ambientales. Hasta la fecha el PCBC no ha establecido políticas ni procedimientos acerca del manejo de sus fondos que (se en) marquen (en) estos principios."[15]

Continúa explicándose en el informe que las otras ONG y las empresas no aceptaron este procedimiento acorde a la legislación internacional vigente. Como consecuencia de ello, el 11 de septiembre de 1999 WWF se retiró del programa,

"debido a su preocupación por la falta de transparencia, de representación y de participación en la estructura y en el manejo del mismo".[16]
[1] Consorcio Prime Op. Cit.
[2] MORÁN. E. Ob. Cit. Pg.168
[3] Ibídem Pg. 57
[4] CLAY, Jason. Indigenous Peoples and Tropical Forests, Cultural Survival, 1988. Pg. 11
[5] TOWNSEND, Wendy. Cultural Teachings as an ecological data base: Murui (Witoto) Knowledge about Primates, Latinamericanist, Vol. 31 Number 1 Otoño 1995, University of Florida Gainesville, Florida. En TYGIER, Claudio ¿Limites a la Globalización? El Deber, Revista Extra, Año 10 - Número 852, 11/01/1998, Pgs. 12, 13.
[6] MOONEY, Pat Roy, Development Dialogue, The Parts of Life, Agricultural Biodiversity, Indigenous Knowledge, and the Role of the Third System, The Dag Hammarskjöld Center, Uppsala, 1997, Pg.89.
[7] Ibídem Pg. 89
[8] PEREIRA, W. From Western Technology to Liberation Technology, Center for Holistic Studies, Bombay, 1990, pp. 21-24 en The Ecologist, Vol., 22, No. 4 julio/agosto 1992, Pg. 187.
[9] GOODLAND & IRWIN, Ecological Development for Amazonia, Ciencia e Cultura en JASON Clay, “Indigenous Peoples and Tropical Forests, Cultural Survival” 1988, Cambridge, Pg. 72.
[10] MOONEY, Pat Ob. Cit. Development…. Pg. 76
[11] Ibídem Pg. 76
[12] COLCHESTER, Marcus. Self-Determination or Environmental Determinism for Indigenous Peoples in Tropical Forest Conservation en “Conservation Biology” del Center for Conservation Biology - Department of Biological Sciences of Universidad de Stanford, California. Volumen Pg.
[13] Ibídem
[14] World Wildlife Fund. Rol conservacionista de WWF en relación a la conservación del Bosque Chiquitano. 24-9-2000 Mimeo, Archivos CPESC
[15] Ibídem
[16] Ibídem

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