Thursday, July 28, 2005

3.2.6 Estados Unidos de Norteamérica en Micronesia

En esta instancia nos proponemos dar forma explícita a ciertos paralelismos, que permiten hacer manifiesta la existencia de nexos estructurales entre el proceso de participación y consulta, cuya descripción y análisis nos ocupa y lo sucedido en una remota región del Pacífico, Micronesia, una de las tres principales divisiones de Oceanía que comprende las pequeñas islas del océano Pacífico al norte del Ecuador y al este de las Filipinas. Los grupos insulares más importantes son las Islas Marianas, las Carolinas y las Marshall. Los Estados Federados de Micronesia están formados por un grupo de islas del archipiélago de las Carolinas. Las más importantes son Pohnpei, Truk, Yap y Kosrae. Anteriormente eran parte del Territorio bajo Mandato de las Islas del Pacífico, en la actualidad es un área de gobierno autónomo asociado a los Estados Unidos. El texto del cual hemos extraído el material que citaremos es la tercera edición de la obra "Victims of Progress", su autor es John H. Bodley y fue publicado por Mayfield Publishing Company, Mountain View, en California en el año 1990.

De singular interés para el objeto de la presente investigación es la declaración inicial hecha por el autor en el comienzo de este estudio. Dice allí (negreado nuestro):

Este ejemplo constituye un tratamiento en detalle de los métodos no coercitivos empleados por la administración estadounidense de Micronesia para introducir los estándares norteamericanos de consumo para una población orientada a la subsistencia donde los recursos locales no sostendrán desarrollos tales.[1]

A continuación Bodley brinda un resumen del proceso llevado a cabo en esa región del globo, poniendo el énfasis en la ausencia de factores coercitivos en el mismo (negreado nuestro):

En Micronesia la transformación de una economía tradicional de subsistencia fue alcanzada sin coerción. En lugar de esto, fue alcanzada mediante una pródiga distribución de recompensas materiales por parte de un gobierno rico y por gastos masivos en administración, educación y programas especiales de desarrollo. (...) La economía de subsistencia Micronesia fue socavada en favor de la dependencia de un sistema basado en el dinero, de un modo que tal vez es único, que, sin embargo, muestra como si fuera un cristal de aumento, los procesos generales implicados en el "desarrollo" de las economías tradicionales alrededor del mundo.[2]

John Bodley nos hace saber que Micronesia está formada por un archipiélago de unas 2.000 islas (1.864 km2). Habitada por más de un milenio por una abundante variedad de culturas autosuficientes, mantuvo múltiples contactos con el mundo "civilizado" durante los últimos cuatro siglos y medio. En este lapso, ejercieron el control político en forma sucesiva España, Alemania, Japón y los Estados Unidos.

La Segunda Guerra Mundial le significó a Micronesia daños en gran escala debido al hecho de que numerosas islas habían sido fortificadas por los japoneses y se libró cruentos combates para ocuparlas. En 1945 la marina de guerra de los Estados Unidos asumía el control administrativo allí. Al año siguiente, 1946, algunos meses luego de asumido el control, la marina inició la ejecución de un importante relevamiento del potencial económico de Micronesia con el objetivo de orientar a la administración militar en la formulación de políticas. El estudio contó con la participación de veintitrés especialistas pertenecientes a la United States Commercial Company, una rama de la Foreign Economic Administration. Se trataba de un equipo multidisciplinario formado por antropólogos, geólogos, nutricionistas, geógrafos, economistas, botánicos y agrónomos. Según Douglas Oliver, editor del resumen del informe final sobre el trabajo del equipo, el sorprendente objetivo del estudio era: "uno tan racional como intentar prescribir un modo de vida para gente que no tiene un derecho efectivo a expresar su elección u opinión en la decisión de su destino" [3]

Continúa diciendo John Bodley que en el informe elaborado por Douglas Oliver, se admitía claramente que la administración estaba asumiendo una suprema potestad sobre la vida y el bienestar de la población indígena. Reconocía también que "modelaría sus culturas" tras el patrón que la administración adoptara. El informe se caracterizaba por una "curiosa mezcla de cautela acerca de los peligros implicados en manipular otras culturas y de recomendaciones flagrantemente etnocéntricas y aún contradictorias". De acuerdo con éste, las culturas tradicionales se hallaban aún intactas y representaban "adaptaciones equilibradas en forma más o menos delicada, a conjuntos específicos de factores ambientales e históricos y podrían verse severamente desequilibradas por cambios forzados de manera imprudente".

Sin embargo, por contradictorias que pudieran parecer, J. Bodley reconoce que el proyecto implicaba el neocolonialismo y la aculturación, en efecto, dice (negreado nuestro):

(...) Pronto se tornó evidente que quienes definían las políticas no estaban considerando un retorno a la autonomía cultural: más bien, estas culturas habrían de ser reconstruidas y reformadas, esta vez según el ideal "Americano" (*). [4]

El archipiélago era un área estratégica para Washington pues allí se construiría instalaciones para un polígono nuclear, por lo tanto la permanencia de los norteamericanos allí habría de prolongarse por mucho tiempo. Veamos qué dice el autor sobre el proyecto de desarrollo elaborado por el equipo multidisciplinario (negreado nuestro):

Luego de sólo cuatro meses de trabajo de campo, el equipo de expertos de la United States Commercial Company Economic Survey procedió a sentar las bases de las decisiones políticas que transformarían de manera completa culturas que poseían el conocimiento acumulado de mil años de adaptación exitosa a un entorno único y complejo. La cultura Micronesia habría de ser reemplazada por patrones culturales foráneos que quienes definían las políticas suponían que proveerían un modo de vida más satisfactorio. Mediante un colosal etnocentrismo, reforzado por la ignorancia de las complejidades de la cultura Micronesia, estos "expertos" emitieron juicios a la luz de sus propios y equivocados valores, y procedieron, en un modo impulsivo, a prescribir una forma de vida para todo un pueblo.[5]

Como sucederá una y otra vez, se plantea la eliminación de culturas milenarias a cambio de una supuesta mejora en el modo de vida, pero además, esa mejora está favorecida con el halo de la inevitabilidad, como afirma el propio Bodley (negreado nuestro):

El informe afirmaba piadosamente, casi como una verdad evidente por sí misma, que el cambio económico en Micronesia era inevitable, indicando que los nativos estaban atrayéndolo sobre ellos mismos y que, por consiguiente, no podría ser evitado: "Los micronesios continuarán, para bien o para mal, expandiendo su participación en los sistemas occidentales. En la clase de mundo en la que vivimos, eso es inevitable y, nadie que no fuese un anticuario nostálgico podría imaginar otra cosa" Oliver, 1951:85-86 [6]

Consideramos de utilidad reparar en el uso del vocablo "participación", porque permite apreciar con claridad que se trata de un proceso de asimilación con el fin de participar como productores-consumidores (Modo Americano de Vida) en un sistema cuyos valores les son ajenos y que se contraponen en gran medida con los propios. El siguiente fragmento nos lleva al núcleo del problema, la cuestión de la "Interiorización". Veamos qué dice (negreado nuestro):

Sin embargo, curiosamente, el informe advertía en tono ominoso, que los cambios "inevitables" "deben ocurrir en forma gradual y voluntaria" (Oliver, 1951:8). Se aconsejaba a los administradores no hacer uso de la fuerza, mas bien, la gente habría de ser dirigida, no compelida, en el sentido de los patrones económicos apropiados. Como explicaba el informe: "Mucho puede lograrse en forma positiva si los nativos son guiados, en lugar de forzados, en dirección de los medios diseñados para su beneficio económico" Oliver, 1951:91 [7]

La situación de los micronesios a partir de entonces, observada desde la perspectiva de su derecho a la autodeterminación sufriría menoscabo, pasando a un estado de "libertad condicionada". "No obstante este extraño doble discurso," prosigue Bodley (negreado nuestro),

Oliver observó en forma explícita en sus conclusiones que a los micronesios, probablemente, "no les sería permitida la libertad de decisión absoluta para decidir sus propios destinos". Obviamente, el gobierno estaba decidiendo qué habría de ser inevitable y estaba comenzando, de manera deliberada, a crear las condiciones bajo las cuales el inevitable nuevo estilo económico sería elegido. En un notable pasaje, en un informe lleno de paradojas, el equipo de expertos recomendó que debiera hacer que los micronesios crean que ellos estaban eligiendo en forma libre aun a pesar de que ellos realmente no estaban haciéndolo así: [8]

Todo consiste en "hacer que los micronesios crean..."; bastaría con reemplazar "micronesios" por el gentilicio que pudiere corresponder, en este caso “chiquitanos”. Dice en el informe citado por el autor (negreado nuestro):

"Los intentos para causar una reforma económica en conformidad con los modos occidentales de vida, antes de que los nativos estén preparados para realizar los cambios, socavaría su fe en nuestras intenciones declaradas. Debe dársele a los nativos la oportunidad de conocer de manera informada y de considerar las alternativas culturales, sin embargo, el deseo de cambio deberá venir desde dentro de la sociedad. Ninguna penalidad en cualesquiera forma que fuere deberá implementarse por el rechazo a aceptar un cambio propuesto acerca del cual fueron informados que tenían libertad de elección." Oliver, 1951:91 [9]

Mantener la fe en las intenciones declaradas sugiere que existe un correlato de intenciones no declaradas y que, según nuestro criterio, se trata, como dice exactamente al final "ninguna penalidad (...) deberá implementarse" por negarse a aceptar algo sobre lo que "fueron informados que tenían libertad de elección", de mantener el grado de credibilidad más alto posible, de otra forma se correría el riesgo de que la fe en sus intenciones declaradas resultara socavada. Es importante destacar que la declaración en el sentido de que "el deseo de cambio deberá venir desde dentro de la sociedad" tiene marcada reminiscencia con el concepto de "interiorización" aplicado en el caso del Working Plan del Consorcio Prime.

Terminamos la exposición del trabajo de Bodley con un fragmento que contiene algunas premisas que permiten justificar el fin propuesto de transformación de una cultura, a cuyos miembros se les induce a adoptar otra forma de vida. Nos referimos específicamente al rol que desempeña la ciencia en este esquema, no en aquél que le corresponde como ciencia, sino en otro definido por su función social como garante de la verdad y del progreso de la humanidad. Dice el autor (negreado nuestro):

Cuando la administración de Micronesia fue transferida en 1951 a las autoridades civiles del United States Department of the Interior (bajo los acuerdos de las Naciones Unidas sobre Territorios en Mandato), el alto comisionado recientemente designado declaró a los nativos que "sus costumbres existentes, creencias religiosas y derechos de propiedad serán respetados," sin embargo, esto mostró ser tan engañoso como la promesa de libertad de la marina de guerra (Proclamation N° 2, Annual Report on the Administration of the Territory of the Pacific Islands, 1953: 79-80, -Declaración N° 2, Informe Anual sobre la Administración del Territorio de las Islas del Pacífico, 1953: 79-80, de aquí en adelante abreviado como TTR - por su sigla en inglés, Trust Territory Report, Informe de Territorio en Mandato-). En la misma declaración, el alto comisionado prometió también una administración basada en la "ciencia aplicada", (...). Mientras se habla de "evolución gradual", y se afirmó que "no se ha utilizado presión para forzar a los micronesios nativos a descartar sus costumbres en favor de instituciones occidentales," había muestras de pesar en que "el efecto divisorio de la etnocentricidad debe ser superado" y en que una forma de gobierno más democrática con miras más amplias estaba siendo cuidadosamente creada a través de "un crecimiento bien nutrido...educación y la guía civil por parte de funcionarios administrativos" (TTR, 1953: 13-14). El "etnocentrismo" a ser superado era, por supuesto, la creencia nativa en la superioridad de sus propias instituciones, no el etnocentrismo de los funcionarios gubernamentales quienes, después de todo, estaban ocupándose de la ciencia aplicada para hacer avanzar un proceso evolutivo natural. [10]

El autor lo resume en forma breve (negreado nuestro):

(...) La producción sería incrementada, se introduciría nuevas plantas y variedades de cultivo, y el medioambiente sería tratado de una manera más efectiva (TTR, 1953: 26-31). En efecto, un desarrollo cultural micronesio de mil años fue declarado obsoleto, y la ciencia aplicada habría de reemplazarlo en forma milagrosa. A los ojos de la administración, la cultura tradicional se hallaba, simplemente, en medio del camino a una vida mejor. [11]

En otras palabras, la cultura tradicional “obstaculizaba” el progreso.
[1] BODLEY, John H. Victims of Progress. Mayfield Publishing Company, Mountain View, California, 1990. Pg. 125
[2] Ibídem Pg. 125
[3] Ibídem Pg. 126
[4] Ibídem Pg.126 (*) El término Americano se emplea aquí en el sentido usual que se le otorga en el imaginario yanqui: América como sinónimo de Estados Unidos, pero al mismo tiempo como "destino manifiesto"
[5] Ibídem Pg. 127
[6] Ibídem Pg. 128
[7] Ibídem Pg. 128
[8] Ibídem Pg. 128, 129
[9] Ibídem Pg. 129
[10] Ibídem Pg. 129
[11] Ibídem Pg. 129, 130

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